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SOY UN PAMPANO
SABADO, 29 DE ENERO DE 2011

Acompáñeme a leer Juan 15:1-8. Este pasaje es conocido como el capítulo del fruto.  El señor Jesucristo vivió y se crió en zonas donde abundaban las plantaciones de cultivos y viñedos y él era muy observador, es por eso que cada vez que habla usa un ejemplo práctico para que sea más fácil la comprensión y el aprendizaje, y en la enseñanza que nos trae hoy no es la excepción. El no trae en sus manos dinero, ni riquezas pero si trae en su mano un pámpano de una vid madura.

Las uvas desde el Antiguo Testamento han simbolizado la capacidad del pueblo de Dios de producir y llevar frutos, haciendo la obra de Dios en la tierra.

 

Veamos los personajes que menciona Jesús en esta Palabra (Juan 15:1, “Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador) Este pasaje nos identifica a los dos primeros personajes, la vid y el labrador. En Juan 15:2, “Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto”, Jesús nos presenta al tercer actor de esta palabra el pámpano.

Primero quiero hablarle del labrador, que en este caso Jesús nos dice que es Dios. El labrador es la persona encargada de preparar todo para que la vid pueda crecer. Para ver en detalle lo que hace el labrador leamos Isaías 5:1-2, “Cantaré en nombre de mi amigo querido una canción dedicada a su viña. Mi amigo querido tenía una viña en una ladera fértil. La cavó, la limpió de piedras y la plantó con las mejores cepas. Edificó una torre en medio de ella y además preparó un lagar. Él esperaba que diera buenas uvas, pero acabó dando uvas agrias” Este pasaje es interesante porque nos permite ver y entender lo que hace el labrador de un viñedo. 

Lo primero que busca es una ladera fértil,  que asociado a la parábola del sembrador significa un corazón noble, que retenga la Palabra. Cuando Dios encuentra,  porque Él es quien nos llama a nosotros, El cava en la tierra, es decir empieza a ver en lo profundo de nuestro corazón, luego lo limpia de piedras, es decir de raíces de amargura (sanidad interior) y luego planta en nosotros las mejores cepas. La cepa es el tipo de uva que me va a permitir obtener una buena uva (para el caso de los que conocen vinos es como sembrar un carmenere, una cepa que ahora solo está en Chile que es considerada como una cepa muy buena) En resumen Dios busca corazones fértiles para sembrar ahí a su hijo Jesús esperanzado que los frutos de ese corazón sean buenas uvas.

Hablemos de nuestro segundo personaje la vid. ¿Qué es la vid?. Es un arbusto de no más de 90 cm., es una planta leñosa con el tronco retorcido y la corteza rugosa. Siguiendo en tronco comienza el tallo que es un gran nudo y de él se desprenden unas estructuras alargadas, los pámpanos, que se enroscan alrededor de los obstáculos que encuentran. Las flores son pequeñas y de color verde, y cuelgan en racimos. Los frutos son globosos y están recubiertos de un polvo fino y blanco, son las uvas.

En Juan 15:1 Jesús se define a sí mismo como la vid, aquí nos está dejando saber que él es el TRONCO, que él es quien es el comienzo, y de él se desprenden los pámpanos que van a dar fruto, él como tronco está en la tierra agarrado y es el encargado de pasar el alimento y de sostener a la planta.

El tercer y último personaje de este pasaje son los pámpanos. Jesús se estaba dirigiendo a sus discípulos y los identificó como los pámpanos, en este caso hoy podemos decir que nosotros somos los pámpanos del viñedo de Dios. En la viña, los pámpanos son el centro de atención de los esfuerzos del labrador, porque son los que producen fruto. En la práctica se trata que los pámpanos queden de manera extendida y que abarquen mas espacios, porque de esta manera podrá circular mejor el aire por en medio de los pámpanos y recibirá una mayor cantidad de sol, además de poder llegar mejor hasta ellos a la hora de atenderlos.

¿Por qué la atención se centra en los pámpanos?

 La respuesta está en Juan 15:8, “Mi Padre es glorificado cuando ustedes dan mucho fruto y muestran así que son mis discípulos” Este pasaje me permite entender lo que espera Jesús de una persona que se considera su discípulo. En el mundo de los viñedos, las casas famosas son las que mejor se posicionan, las que obtienen un mejor producto,  pero ellas no pueden vivir de fama de una temporada, sus vinos deben ser constantes en calidad para que se extienda su dominio. Esto mismo es lo que busca Dios, que su reino se establezca a través de los frutos que da su viñedo, en este caso de nosotros, que sea un fruto que permanece.

Después de esta explicación deseo hacerle una pregunta, ¿será que los pámpanos producen frutos por sí solos? La respuesta es no, se necesita de la vid para que el pámpano reciba los nutrientes. La vid es la que está en contacto con el suelo, son sus raíces las que buscan los nutrientes de la tierra y del agua que producen la sabia. La sabia es la que alimenta las ramas para que se produzca el fruto.

Si pensamos como pámpanos ¿por qué a veces no producimos fruto u otras veces nuestro fruto es amargo? Juan 15:4 nos da la respuesta (Juan 15:4, “Así como ninguna rama puede dar fruto por sí misma, sino que tiene que permanecer en la vid, así tampoco ustedes pueden dar fruto si no permanecen en mí”)

Muchas veces no damos o no somos el fruto que el labrador espera porque no permanecemos en la vid.  Permanecer significa quedarse donde uno está.  El cristiano ha sido puesto en Cristo, ésta es su posición. Esto nos lleva a que debemos pasar tiempo en oración con Cristo, leyendo la biblia, conscientes de que esto nos da unión con Él. Si no pasamos tiempo en estas actividades no vamos a ser conscientes de su morar en nosotros y de su suministro de alimento que nos da fuerza y recursos espirituales.  Tenemos que entender que solo si Cristo empieza a vivir en mi, voy a poder dar fruto (Gálatas 2:20, “He sido crucificado con Cristo, y ya no vivo yo sino que Cristo vive en mí”)

¿QUÉ TIPO DE FRUTO PUEDA DAR UN PÁMPANO?

Lo primero que puede pasar es que el pámpano NO DE FRUTO, lo segundo es que DE FRUTO, luego MAS FRUTO y finalmente MUCHO FRUTO. Algo espectacular sucede cuando no doy fruto, para el Labrador esto no es un problema.  A pesar que la concepción natural que tenemos es que si alguien no produce fruto el labrador lo corta, y así nos lo dejaría ver la palabra de Dios en la forma como está presentado. De acuerdo al original griego de esta palabra (airo) puede significar quitar o cortar  también puede traducirse como levantar. Particularmente me gusta más esta interpretación, porque la persona que vive permanentemente en Jesús es una persona, que en un tiempo va a dar fruto. Los labradores saben del valor altísimo de un pámpano, por eso el pensar en que se corta es muy distante para mí. 

“Levantar” nos muestra la imagen del labrador inclinándose para levantar el pámpano, la pregunta es porque levantar. Y la respuesta es que los pámpanos nuevos tienen la tendencia natural de arrastrarse y crecer en el suelo. Pero ahí abajo en el suelo no dan ni producen fruto, ya que cuando están allí las hojas se llenan de polvo y no recibe la luz del sol para realizar su proceso de fotosíntesis, además cuando llueve se llenan de lodo y por consiguiente de moho, y de esta manera el pámpano se enferma.

El labrador recorre las filas del viñedo en busca de pámpanos hundidos en el lodo y lleva en su mano una tina de agua. Cuando los encuentra, los levanta y los lava, y los vuelve a enredar y atar en el enrejado y para sorpresa de nosotros vuelve a prosperar casi inmediatamente. Comprobamos nuevamente esta verdad Juan 15:3 “Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado. “ Este versículo nos demuestra que Él no nos corta más bien nos levanta, nos limpia, y nos coloca de nuevo para que cumplamos la función para la cual hemos sido creados (Llevar fruto).

 Dios trabaja la esterilidad espiritual en sus hijos y utiliza todas sus estrategias y esto incluye la disciplina para sus hijos. Todos nosotros somos criaturas caídas, por lo tanto pecamos de vez en cuando, pero la disciplina de Dios comienza cuando hay un problema serio de pecado, una forma de conducta o actitud que no le agrada a Dios y que no es beneficiosa y que nos está arruinando la vida.

Con la confianza de que Dios es un Dios tardo en ira, grande en amor y que se duele del castigo veamos cómo podemos producir fruto entonces:

  1. 1.    INJERTESE EN LA VID: Recuerde somos pámpanos, si no pertenezco a la vid verdadera, debo pedir ser injertado a ella. Esto quiere decir que debo primero reconocer a Jesús como mi sustento y permitir que Dios me añada a su pueblo (Juan 1:12, “Mas a cuantos lo recibieron, a los que creen en su nombre, les dio el derecho de ser hijos de Dios)
  2. OBTENGA UN MEJOR CONOCIMIENTO DEL LABRADOR Y DE LA VID. Esto requiere que permanezcamos en Jesús, que leamos la biblia, que oremos, que lo busquemos (Juan 8:18, “Uno de mis testigos soy yo mismo, y el Padre que me envió también da testimonio de mí”) Él es el mejor testimonio de sí mismo y entre mas tiempo pase con Jesús mas seré semejante a Él.
  3. PLÁNTESE EN LA IGLESIA. (Salmo 92:12-14, “Como palmeras florecen los justos; como cedros del Líbano crecen. Plantados en la casa del Señor, florecen en los atrios de nuestro Dios. Aun en su vejez, darán fruto; siempre estarán vigorosos y lozanos”) Usted debe conectarse a Jesús a través de la iglesia, la única forma para crecer es participando en su casa, por eso si usted todavía no está plantado en esta iglesia y aún en su corazón hay dudas órele al Señor y pídale que le muestre si es el lugar correcto para usted. Si ya está seguro comience a venir a más actividades de la iglesia, participe de la oración, de los equipos de crecimiento, vaya a los encuentros y comience su proceso de formación, acompáñenos si puede  a los ayunos y no falte a los servicios. Nuestra vida es más bella cuando la desarrollamos alrededor de la iglesia.
  4.  DEJESE PODAR: Aprenda a deleitarse en la palabra de Dios y no permita malas influencias en su vida (Salmo 1:1-3, “Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los malvados, ni se detiene en la senda de los pecadores ni cultiva la amistad de los blasfemos, sino que en la ley del Señor se deleita, y día y noche medita en ella. Es como el árbol plantado a la orilla de un río que, cuando llega su tiempo, da fruto y sus hojas jamás se marchitan. ¡Todo cuanto hace prospera!”) Es imposible permanecer en la presencia de Dios si usted lleva una vida de pecado. Si usted goza de compañía inadecuada y ve que la televisión, las películas, el internet, son malas influencias en su vida y no hace nada para alejarse de ellas, entonces usted no podrá ser plantado propiamente y tampoco podrá producir fruto espiritual. Solo cuando usted se deleite en las leyes de Dios, es que será usted plantado junto a corrientes de agua.

Para finalizar no podemos olvidar que Dios espera que demos fruto, el invierte lo mejor de sí en nosotros, a su hijo Jesús. De mi depende el no dar fruto, el dar fruto, mas fruto y mucho fruto, y que para ello debe establecer una relación de permanencia en Cristo que se desarrolla a través de su iglesia. Recuerde solo plantado florezco!

 

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