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CEDROS PARA DIOS
3.OCTUBRE.2009


La Biblia nos menciona el árbol del cedro en varias oportunidades. Una de ellas y bastante relevante está en 1 Reyes 7 cuando Salomón construye su palacio. Pero, ¿por qué tomamos al cedro hoy como referencia? Al investigar un poco sobre el cedro encontramos algunas características que deseo compartir con ustedes y que nos van a servir de guía en nuestro estudio de hoy. El cedro es una madera considerada finísima y resistente, blanda y fácil de trabajar. Son árboles cuya altura oscila entre los 25 y 50 metros. Es emblema de la fuerza y la permanencia. Emite olores suaves y persistentes que le permiten defenderse de las plagas que los atacan, y es muy resistente a los rigores del clima. En general consideramos al cedro como una de las mejores maderas con las que podamos trabajar.

Si comparamos nuestra vida con el Señor, nuestra vida debería ser parecida a la de un árbol de cedro. Fijémonos en algunas características de las ya mencionadas, por ejemplo el cedro es considerado como un árbol de resistencia, de fuerza, de permanencia, que soporta la inclemencia del clima, y sobre todo que es un árbol que sobresale sobre otros. Pero, ¿cómo se sostiene un árbol de tal magnitud y de dónde toma todos los nutrientes que requiere para llegar a ser uno de los más buscados? Este árbol toma los nutrientes de la tierra y se considera que las tierras más fértiles se encuentran cerca de los ríos. Veamos lo que nos dice el salmista en el Salmo 1:3, "Es como el árbol plantado a la orilla de un río que, cuando llega su tiempo, da fruto y sus hojas jamás se marchitan. ¡Todo cuanto hace prospera! El Salmo 92:12, nos habla sobre los justos del Señor "Como palmeras florecen los justos; como cedros del Líbano crecen"

Qué nos dice esta última palabra, que los justos, los hijos de Dios están llamados a crecer, a florecer, a dar frutos. Hoy quiero comenzar diciéndole que la vida con Jesucristo es un proceso continuo en nuestra vida y que si como el árbol, somos separados de la fuente de agua viva, me voy a marchitar y a morir. Debemos entender ciertos principios espirituales que nos van a ayudar a comprender mejor los desiertos que vivamos y sobre todo comprender que lo que Cristo desea no es que vivamos una vida llena de dolor o sacrificio permanente, sino que este dolor o sacrificio temporal que he vivido o estoy viviendo me ayuden a caminar con el Señor, no sólo con firmeza sino con satisfacción.

Dios desea que sobresalgamos en lo que hacemos, pero necesita que seamos blandos para que Él nos pueda trabajar. Sólo así el podrá colocar sobre nosotros el aroma de su Espíritu que nos va a permitir resistir al mundo que nos rodea, a todo lo que se opone a Dios.

Debemos tener plena conciencia de lo que implica una vida con frutos, ésta nos es producto del azar o las circunstancias, es producto de un proceso en donde Dios por medio del Espíritu Santo trabaja en nuestras vidas. Este proceso mezcla una serie de factores que es bueno tener presente para no entender mal la vida con frutos como algo instantáneo o mágico.

Dios desea que vivamos una vida estable. Pero ¿qué significa esta palabra? Estable significa: Durable, firme, sólido, permanente, fijo, afincado, plantado, definitivo, constante, perseverante, fundamentado, incorrupto, que no se pudre. Dios provee los medios para que estemos firmes, estables, constantes, perseverantes en Sus caminos. Dios provee todo para una vida sin fluctuaciones, sin altibajos, sin incongruencias, en definitiva: ESTABLES. 1 Pedro 5:10, "Y después de que ustedes hayan sufrido un poco de tiempo, Dios mismo, el Dios de toda gracia que los llamó a su gloria eterna en Cristo, los restaurará y los hará fuertes, firmes y estables"

¿Qué debemos entender durante nuestro proceso para vivir una vida con fruto?

Lo primero que debo comprender es que este proceso implica varias cosas:

1. Intensidad en el clamor: Juan 2:1-4, "Al tercer día se celebró una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús se encontraba allí. También habían sido invitados a la boda Jesús y sus discípulos. Cuando el vino se acabó, la madre de Jesús le dijo: Ya no tienen vino. Mujer, ¿eso qué tiene que ver conmigo? respondió Jesús. Todavía no ha llegado mi hora". Si usted continua leyendo el pasaje verá que Jesús hizo el milgrago del vino. Esto nos permite reflexionar que aún cuando veamos que nuestra oración inicial no es contestada debemos continuar con el clamor hasta recibir.
2. Implica crear el ambiente para engendrar fe: Dios hace Su parte y nosotros debemos hacer la nuestra. Hay un trabajo voluntario que llevar a cabo. Hay decisiones en nuestra vida que tenemos que tomarlas nosotros. No es fácil pero tampoco imposible. Dios no quiere hombres y mujeres indiferentes, ni tampoco que se sientan forzados a tener una actitud determinada.
Él provee los medios, los pone a nuestro alcance a través del sacrificio único de Cristo en la cruz, y nosotros actuamos en total libertad y tomamos o no esos recursos. Si tomamos la buena decisión, es allí donde comienza a desarrollarse la fe que Dios puso en nuestros corazones.
3. Implica obediencia: 1 Pedro 1:2, "Pedro, apóstol de Jesucristo, a los elegidos, extranjeros dispersos por el Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia, según la previsión de Dios el Padre, mediante la obra santificadora del Espíritu, para obedecer a Jesucristo y ser redimidos por su sangre" Cuando Adán y Eva desobedecen, sus corazones fueron turbados, se volvieron inestables, inseguros y tuvieron que esconderse. Antes de la caída vivían confiados, sin miedos, seguros, tranquilos. Pedro nos dice en su carta que hemos sido elegidos para obedecer. La obediencia nos trae paz y sosiego al corazón y a la mente, y nuestros sentimientos son gobernados y no divagan, tienen paz. Es en definitiva una causa de una vida firme y estable.
4. Implica perseverancia: Hebreos 10:36, "Ustedes necesitan perseverar para que, después de haber cumplido la voluntad de Dios, reciban lo que él ha prometido"
5. Implica deseo por encima de las circunstancias: Marcos 10:46-52, "Después llegaron a Jericó. Más tarde, salió Jesús de la ciudad acompañado de sus discípulos y de una gran multitud. Un mendigo ciego llamado Bartimeo (el hijo de Timeo) estaba sentado junto al camino. Al oír que el que venía era Jesús de Nazaret, se puso a gritar: ¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí! Muchos lo reprendían para que se callara, pero él se puso a gritar aún más: ¡Hijo de David, ten compasión de mí! Jesús se detuvo y dijo: Llámenlo. Así que llamaron al ciego. ¡Ánimo! le dijeron. ¡Levántate! Te llama. Él, arrojando la capa, dio un salto y se acercó a Jesús. ¿Qué quieres que haga por ti? le preguntó. Rabí, quiero ver respondió el ciego. Puedes irte le dijo Jesús; tu fe te ha sanado.

Lo segundo que debo entender es que durante el proceso se levantarán grandes obstáculos para alcanzar un milagro. ¿Por qué? Porque nuestra lucha es contra el diablo, nos ganamos una guerra a muerte y él trabajara para que no alcancemos lo que deseamos, para quitarnos la paz, para detenernos en nuestro andar, debemos tener conciencia que su labor es detener nuestro caminar.

Lucas 8:22-23, "Un día subió Jesús con sus discípulos a una barca. Crucemos al otro lado del lago les dijo. Así que partieron, y mientras navegaban, él se durmió. Entonces se desató una tormenta sobre el lago, de modo que la barca comenzó a inundarse y corrían gran peligro". Este pasaje nos muestra que Satanás hará hasta levantarse tormentas para que no crezcamos en el Señor.

Otro pasaje en donde Jesús advierte sobre estos obstáculos está en Marcos 14:38, "Vigilen y oren para que no caigan en tentación" Velad significa estar despiertos conscientes de que vendrá la crisis, la presión, para que no nos confundamos.

¿Cómo enfrentar los obstáculos?

1. Teniendo convicción de la promesa de Dios, del llamado de Dios. Cuando enfrentes los obstáculos solo entiende que si Dios te llamó, o estás en el camino cierto, mira para adelante, no mires abajo o atrás, como cuando cruzas un puente con durmientes separados.
2. Nunca mires en la crisis tu pasado porque "puede parecerte mejor que tu presente", y puede destruir tu futuro. Éxodo 14:10-11, "El faraón iba acercándose. Cuando los israelitas se fijaron y vieron a los egipcios pisándoles los talones, sintieron mucho miedo y clamaron al Señor.11 Entonces le reclamaron a Moisés: ¿Acaso no había sepulcros en Egipto, que nos sacaste de allá para morir en el desierto? ¿Qué has hecho con nosotros? ¿Para qué nos sacaste de Egipto?"
3. Nunca tomes decisiones en medio de la crisis. Éxodo 14:12, "Ya en Egipto te decíamos: ¡Déjanos en paz! ¡Preferimos servir a los egipcios! ¡Mejor nos hubiera sido servir a los egipcios que morir en el desierto!"
4. No te contagies con la crisis de las personas. Cree en lo que dices, estas llamado a ser una brújula para los de tu alrededor. Éxodo 14:15, "Pero el Señor le dijo a Moisés: ¿Por qué clamas a mí? ¡Ordena a los israelitas que se pongan en marcha!" Dios reprendió a Moisés porque él mismo se desesperó.
Para finalizar, para tener una vida espiritual estable necesitamos ser llenos continuamente del Espíritu Santo. Estamos en un mundo espiritual, con enemigos espirituales y necesitamos la persona del Espíritu Santo en nosotros. Es como una caldera llena de agua fría y otra llena de agua hirviendo. La de agua fría no tiene fuerza, pero la otra, el calor la ha convertido en una poderosa locomotora que arrastra los vagones sobre los rieles y los lleva sin pausa.

El estar llenos del Espíritu Santo nos trae la plenitud de Cristo. Cuanto más llenos del Espíritu Santo estemos, tanto más reconoceremos y glorificaremos a Cristo. El Espíritu Santo no hace nada aparte de Cristo, nada sin Cristo. El Espíritu Santo nos da testimonio de Cristo, nos revela a Cristo. Él nos lleva a una vida de unión personal con Cristo y a una constante dependencia de Cristo.
El versículo más elocuente de Pablo sobre este punto está en Gálatas 2:20, "Ya no vivo yo , mas vive Cristo en mí y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios quien me amó y se entregó a sí mismo por mí.
El ser lleno del Espíritu Santo excluirá el deseo de vivir para sí mismo y todo deseo de pecar. Por lo tanto nos conduce a una vida santa, justa, sumisa y estable. La llenura del Espíritu Santo hace también que de nuestro corazón emanen todas las virtudes de Él.

 
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