EDIFICANDO ALTARES PARA DIOS PDF Imprimir E-mail
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EDIFICANDO ALTARES PARA DIOS
11.JULIO.2009

Dios le enseñó a su pueblo cómo adorarlo. Aunque fue mucho después en Éxodo 20: 24-26 ("Háganme un altar de tierra, y ofrézcanme sobre él sus holocaustos y sacrificios de comunión, sus ovejas y sus toros. Yo vendré al lugar donde les pida invocar mi nombre, y los bendeciré. Si me hacen un altar de piedra, no lo construyan con piedras labradas, pues las herramientas profanan la piedra") donde les dio las instrucciones claras a Moisés y fueron escritas en la Ley, pero aún antes de esto ya Dios le había enseñado a Abraham como debía edificar altares para Él.
Dios hizo claridad de que deseaba que se acercaran edificando altares, esos altares debían ser de tierra, donde quiera que hubiera tierra podían edificar un altar, no era un requisito complicado, eso muestra lo accesible que El estaba para que se acercaran a Él. Su deseo era que pudieran acercarse a Él. Sobre la tierra debían colocar piedras, piedras que no podían ser cortadas, ni moldeadas en ninguna manera. Nuestra adoración tiene que ser natural, sin adornos, ni acomodos o cortaduras de ninguna índole. No estilizada sino rústica, común, natural como aquellas piedras.
¿Para qué sirve un altar? ¿Es un altar un estante donde colocamos libros para promover la educación? ¿Es un altar un mostrador donde se maneja mercancía? ¿Es acaso una mesa donde se sirve comida? Un altar trae de inmediato una connotación espiritual, y es una señal inequívoca de adoración. Ahora usted se preguntará ¿qué es adoración? Déjeme usar una explicación que dio un Misionero mexicano que explicaba la adoración así: "cuando uno dice: 'Jesús, sálvame', eso es una oración. Cuando uno dice: 'Jesús te agradezco me hayas salvado', eso es acción de gracias. Cuando uno dice: 'Jesús, cuán excelente Salvador eres', eso es alabanza. Pero cuando uno se postra arrodillado y con santa reverencia, quebrantamiento de espíritu y humillación dice: 'Jesús, me postro ante Ti me inclino en cuerpo y en espíritu ante Tu augustísima presencia, Te reconozco como alto y sublimado, Te alabo, te bendigo, Te exalto, Te rindo culto, Te glorifico', eso es adoración".
Abram quien luego fue Abraham, se caracterizó por ser un edificador de altares. Él edificó en 4 ocasiones específicas altares al Señor Cada altar que edificó Abram representaba una etapa progresiva en su vida, desde su salida de Ur de los Caldeos hasta su muerte.
Es necesario entender que en todo altar algo tiene que morir, algo debe ser destruido, algo debe ser sacrificado, en los tiempos antiguos tenía que haber derramamiento de sangre, muerte.

Altar 1. (Génesis 12:4-7, "Abram partió, tal como el Señor se lo había ordenado, y Lot se fue con él. Abram tenía setenta y cinco años cuando salió de Jarán. Al encaminarse hacia la tierra de Canaán, Abram se llevó a su esposa Sarai, a su sobrino Lot, a toda la gente que habían adquirido en Harán, y todos los bienes que habían acumulado. Cuando llegaron a Canaán, Abram atravesó toda esa región hasta llegar a Siquem, donde se encuentra la encina sagrada de Moré. En aquella época, los cananeos vivían en esa región. Allí el Señor se le apareció a Abram y le dijo: «Yo le daré esta tierra a tu descendencia.» Entonces Abram erigió un altar al Señor, porque se le había aparecido")
Dios llamó a Abram y en el capítulo 12 de Génesis encontramos este primer encuentro Dios se aparece a Abram y le promete hacer de él una nación grande, establece su pacto con él, y ¿qué se le pedía a Abram? Dos requisitos: cree y obedece. Es importante destacar que el que tomó la iniciativa de establecer pacto con este hombre fue Dios. Un pacto es una alianza, un tratado, un acuerdo, un compromiso.
Es después de este encuentro divino que Abram edifica el primer altar. No era solamente un lugar de sacrificio de animales, eso era lo externo, lo que representaba internamente era comunión con Dios, era dejar un testimonio visible de un encuentro transformador con Dios, un encuentro significativo con El, un encuentro cambia vida. ¿Has edificado un altar así recientemente?
El primer altar que edificó Abram fue en la encina de Moré en Siquem. Moré significa lluvia temprana y Siquem, cargar sobre la espalda de un hombre o de una bestia. Aquel altar representaba la lluvia temprana de su primer encuentro con Dios. Nuestros primeros encuentros con Dios son llenos de expectativas, entusiasmo, de emoción por las promesas, esa es la lluvia temprana. A la misma vez se colocaba un gran peso de responsabilidad y demanda en la vida de este hombre, obedecer no sólo en medio de la lluvia temprana sino en los próximos años que vendrían.
Era el inicio de la jornada de fe junto a Dios, en este momento obedeces voluntariamente y con gozo, te asusta lo desconocido pero tu fe sencilla te impulsa a lanzarte en la aventura.
Ya había salido conforme a la orden de Dios, había llegado a Canaán, vio que el cananeo estaba en la tierra pero Dios le afirma que esa misma tierra será de él, ante esa afirmación, Abram levanta el primer altar, el de la fe sencilla, el de la confianza absoluta en lo que Dios ha dicho.

Altar 2. El altar del sacrificio de las incertidumbres (Génesis 12:8, "De allí se dirigió a la región montañosa que está al este de Betel, donde armó su campamento, teniendo a Betel al oeste y Hai al este. También en ese lugar erigió un altar al Señor e invocó su nombre")
Abram continúa su recorrido por la tierra y llega a un lugar entre Betel y Hai, y allí edifica el segundo altar. Betel significa Casa de Dios y Hai significa Ruina, Escombros, Montón, con el sentido de estar revueltos, volteados.
En medio de nuestro caminar cristiano en pos de las promesas que Dios nos ha dado, en pos del propósito por el cual existimos, nos podemos encontrar como Abram, entre la Casa de Dios y los Escombros o la Ruina. Miramos al occidente y vemos la Casa de Dios, vemos a Dios en ella, moviéndose, vemos que todavía hay esperanza, vemos que El es fiel, vemos que Él fue quien inició todo, vemos que Él fue quien nos llamó, quien nos prometió. Del occidente sale el sol, nuestras esperanzas y nuestra confianza se renuevan.
De pronto miramos al oriente, lo que vemos son escombros, todo revuelto, pareciera que nadie puede componer ni arreglar lo arruinado que contemplamos a nuestro alrededor. El futuro parece incierto, las promesas no se materializan, lo que ves es el ocaso, llegando la oscuridad, poniéndose el sol otra vez.
Nos ponemos de pie en el medio, al occidente está Betel, al oriente está Hai, ¿qué vas a hacer? Haz lo que hizo Abram, ¡edifica un altar en medio de los dos e invoca Su nombre!
Este segundo altar es edificado en medio de lo incierto, en medio de la incertidumbre, del cómo, del cuándo. En este segundo altar Abram sacrificó sus dudas, sus incertidumbres e interrogantes y siguió su camino. Es lo mismo que tú y yo tenemos que hacer, sacrificar nuestros interrogantes y continuar hacia la promesa.
En Génesis 13:4 Abram vuelve a ese segundo altar después del incidente en Egipto con Faraón en el que miente acerca de Sara. Hace un recorrido de vuelta y llega al altar entre Betel y Hai, retorna al lugar de la incertidumbre y vuelve a invocar el nombre de Jehová. Esta vez no edifica un altar, ya había uno, va allí a recordar, dar gracias y adorar. En medio del recorrido ha sido bendecido y prosperado a pesar de sus errores y faltas.
Hay momentos en que debemos retornar al lugar donde una vez edificamos un altar y allí recordar la fidelidad de Dios para con nosotros. En nuestro peregrinar y en medio de nuestras faltas, malas decisiones y pecados es necesario volver al altar que antes habíamos edificado y restaurar allí nuestra comunión con Dios.

Altar 3. El altar del sacrificio y separación (Génesis 13:14-18, "Después de que Lot se separó de Abram, el Señor le dijo: «Abram, levanta la vista desde el lugar donde estás, y mira hacia el norte y hacia el sur, hacia el este y hacia el oeste. Yo te daré a ti y a tu descendencia, para siempre, toda la tierra que abarca tu mirada. Multiplicaré tu descendencia como el polvo de la tierra. Si alguien puede contar el polvo de la tierra, también podrá contar tus descendientes. ¡Ve y recorre el país a lo largo y a lo ancho, porque a ti te lo daré!» Entonces Abram levantó su campamento y se fue a vivir cerca de Hebrón, junto al encinar de Mamré. Allí erigió un altar al Señor")
En este pasaje se relata cómo y bajo qué circunstancias Abram edificó el tercer altar. En medio de la bendición y la prosperidad que disfrutaba, surgió una contienda entre los pastores de Lot y los de él. Sabiamente y con corazón desprendido permite que Lot escoja dónde dirigirse después de separarse. Lot escogió lo que lucía a primera vista como la mejor parte, la llanura del Jordán, tierra de riego, y abundante pasto. Abram por su parte escoge el área montañosa. Dios se le aparece en medio de su tristeza por la separación y le afirma una vez más la promesa que le ha hecho. En Génesis. 13:18. Abram removió su tienda, se mudó y edificó un altar en el encinar de Mamré en Hebrón. Mamré significa vigor y Hebrón significa, alianza, compañía y unión. En este tercer altar Dios le reafirma "fortalécete, toma vigor en nuestra alianza, en nuestra compañía, en nuestra unión".
En este tercer altar es necesario sacrificar relaciones, sí, suena fuerte, pero es necesario cortar, separarse de relaciones que impedirán que avances hacia el cumplimiento de los propósitos de Dios en tu vida.
Tendrás que separarte de amigos, familiares, compañeros de trabajo y vecinos. Tendrás que sacrificar relaciones por ir en pos de la promesa de Dios en tu vida. Lot nunca debió acompañar a Abram, fue una desobediencia, pero llegó el momento de sacrificarlo. Cabe destacar que Abram se separó de Lot en armonía, sin insultos, ni enojos. Quedó claro que no podrían continuar juntos si Abram quería ver el cumplimiento de Dios en su vida.
Es en este tercer altar que comprendes que tu mayor y más poderosa alianza no es con hombres sino con tu Dios, es aquí donde recobras vigor en tu alianza, tu pacto, unión y compromiso con Dios. Es donde decides mejor camino solo, humanamente hablando, antes de obstaculizar lo que Dios tiene preparado y determinado para mí.
El encuentro de Dios con Abram en el tercer altar le aseguró que había hecho lo correcto y le confirma nuevamente lo que le había prometido: "toda la tierra que veían sus ojos se la daría".

Altar 4. El altar de la renuncia y el refinamiento (Génesis 22:1-19)
Nos acercamos al cuarto altar, Génesis 22:1-19, este era el clímax, el punto máximo de adoración en la vida de Abraham. Muchas cosas habían sucedido desde su primer encuentro en Siquem donde había edificado su primer altar, el altar de la fe sencilla y de la aceptación del reto de Dios.
Había edificado un altar en medio de sus incertidumbres, había edificado otro en medio de la separación y había sacrificado relaciones. Había recibido cerca de tres confirmaciones del pacto que Dios había establecido con él. Había esperado más de veinte años para ver la promesa del hijo cumplida. Había sido obediente en medio de sus debilidades.
Pero faltaba aún otro altar por edificar, el cuarto altar, es el altar donde se sacrifica lo que más se ama, allí tenía que demostrar que no amaba a nada o a nadie más que a su Dios. Es el altar de la renuncia, es el altar donde coloco mi consagración, mi compromiso con Dios ante que cualquiera otra cosa, aún cuando la ame tanto como la ame.
En el cuarto altar estoy dispuesto a colocar lo que El me pida aunque parezca ilógico, antinatural y hasta pagano, como en el caso de Abram con su hijo. Dios no toleraba sacrificios humanos y ahora requería uno, ¿cómo comprender esto?
Abraham no tenía que asesinar a su hijo físicamente porque ya lo había sacrificado en su corazón, renunciando a él, sólo creyendo y confiando que si El lo pedía debía dárselo y si era necesario Dios era lo suficientemente poderoso para resucitarlo. ¡SU DIOS NO FALLARIA, DE ESO EL ESTABA SEGURO!
Y, ¿qué de nosotros? ¿Estamos dispuestos a sacrificar en el cuarto altar lo que Él nos pide, sea lo que sea, asegurado de que El tiene sus buenas razones para ello? ¿Aunque yo no lo entienda? Dios es capaz de devolvernos mucho más de lo que hemos entregado, sus bondades y beneficios espirituales superan con creces nuestros sacrificios.
Obedecer a Dios es siempre una lucha, involucra dolor y negación, nunca es fácil ni viene en forma natural.
Este cuarto altar es el altar del refinamiento, es el altar donde se forja nuestro carácter. Dios estaba comprometido con Abraham, El había iniciado esta relación de pacto con él, la había sellado con sangre, Génesis 15:1-21, ¿cumpliría Abraham hasta las últimas consecuencias lo que Dios pidiera de él?
Para concluir, Dios anda buscando edificadores de altares. Es en el cuarto altar donde se expresa el mayor y más perfecto sacrificio, es en el cuarto altar donde se puede expresar la mayor adoración, donde lo entregas todo y sin reservas, donde preguntas, ¿qué quieres de mí? Y respondes: "lo que sea, es tuyo".
¿En qué altar te encuentres hoy? No concluyas hasta llegar al cuarto altar, no te detengas en el recorrido, después que lo entregues todo espera lo que viene en camino: el cumplimiento de lo prometido.
Abraham no hubiera podido sobrevivir su largo trayecto de fe si no hubiera sido un edificador de altares. Cada altar era un testimonio del amor y la lealtad de Dios para con él. Construir altares le recordaba que Dios era el centro de su vida, cada vez que edificaba un altar le ayudaba a recordar lo que Dios desea, le impulsaba a obedecerle. Deberíamos imitar a Abraham, convertirnos en edificadores de altares en cada circunstancia de nuestra vida.

 

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