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YO MENGUO PARA QUE EL CREZCA
SABADO, 15.MAYO.2010

 Juan 3:26-30, “Aquéllos fueron a ver a Juan y le dijeron: Rabí, fíjate, el que estaba contigo al otro lado del Jordán, y de quien tú diste testimonio, ahora está bautizando, y todos acuden a él.  Nadie puede recibir nada a menos que Dios se lo conceda les respondió Juan. Ustedes me son testigos de que dije: "Yo no soy el Cristo, sino que he sido enviado delante de él." El que tiene a la novia es el novio. Pero el amigo del novio, que está a su lado y lo escucha, se llena de alegría cuando oye la voz del novio. Ésa es la alegría que me inunda. A él le toca crecer, y a mí menguar.”

 

Que palabras tan maravillosas guidas por la sabiduría y la revelación del Espíritu Santo para este hombre. La verdadera felicidad viene al oír la voz del novio, en este caso la voz de Cristo que me dice “Yo crezco tu mengua” para que puedas tener la alegría completa. Sin Jesús, nunca habrá felicidad completa porque él me da por añadidura a la salvación, su Espíritu Santo y uno de los frutos del Espíritu es el gozo.

Ahora, yo quiero preguntarle a usted, ¿siente alegría cuando oye la voz de Cristo a través de su Espíritu Santo  y le pide que mengue usted para que el crezca? ¿Qué siente cuando Él le dice no tomes, no forniques,  no adulteres, no robes, no fumes, no hagas hechicería, no te inclines ante otros dioses, comprométete con el Señor, sacrifícate para el Señor? Juan desde el comienzo murió a sus aspiraciones y eso le permitió experimentar una alegría que lo sació completamente y que le permitió como consecuencia decrecer a lo que él era para que Cristo creciera. 

Hoy en día todos aquellos que anhelamos agradar a Dios deberíamos decir: “Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe”, pero ¿Qué significa menguar?, menguar significa morir a nosotros mismos y permitir que la imagen de Jesús crezca en nuestras vidas.  Menguar significa que el viejo hombre que tenemos dentro vaya desapareciendo, no permitirle que haga lo que antes le gustaba hacer, no permitir que se sacie en el pecado, sino que se sacie en la verdad. 

Definitivamente TODOS necesitamos menguar en nuestra vida, ya sea con nuestro carácter, con nuestra forma de hablar, con nuestra forma de ver las cosas, etc. Muchos de nosotros no permitimos que Jesús crezca en nuestra vida, porque él no puede crecer sobre un terreno lleno de amargura y pecado, pues no hay compatibilidad entre lo santo y lo impuro.  (Hebreos 12:14-15, “Busquen la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor.  Asegúrense de que nadie deje de alcanzar la gracia de Dios; de que ninguna raíz amarga brote y cause dificultades y corrompa a muchos”)

El Salmo 127:1 dice, “Si el Señor no edifica la casa,  en vano se esfuerzan los albañiles” Esta palabra nos dice que yo me puedo esforzar, luchar, trabajar duro, pero sólo Dios puede levantar mi vida, me dice que con pecado y con amargura Dios no puede edificar en mi vida el carácter de Jesucristo, eso significa que el evangelio que Cristo mandó a predicar no se está aplicando en mi vida. Santiago 2:14, “Hermanos míos, ¿de qué le sirve a uno alegar que tiene fe, si no tiene obras? ¿Acaso podrá salvarlo esa fe?”

Entonces, ¿cómo puede crecer Jesús en mi vida para que yo vaya menguando?  La respuesta está en Lucas 24:46-47, “—Esto es lo que está escrito —les explicó—: que el Cristo padecerá y resucitará al tercer día, y en su nombre se predicarán el arrepentimiento y el perdón de pecados a todas las naciones, comenzando por Jerusalén.Jesús mandó a sus discípulos que se hablara del arrepentimiento y el perdón. Jesús sabe que sobre una vida sin arrepentimiento y perdón no se puede cimentar nada, Él es el ingeniero de ingenieros, el arquitecto de arquitectos. El sabe que cimentar sobre un terreno de arena va a permitir que cuando lleguen las tormentas, los vientos la casa va a caer. El sabe que la mejor fuente para cimentar una edificación es la roca, por eso Dios quiere que en nosotros se forme el carácter de su hijo, para que cuando lleguen esos momentos duros aflore en mi la imagen de Cristo y no la del hombre viejo. El autor de Hebreos lo describió muy bien que la amargura corrompe no sólo mi vida sino la de los que están a mi lado.

Entonces tenemos que preguntarnos: ¿Qué es arrepentimiento? Existe una concepción del arrepentimiento que no es verdadera. Es lo que se conoce como atrición, y es una forma falsa y superficial de arrepentirse. Es un arrepentimiento egocéntrico, o sea, que se centra en la persona misma, como sucede en el caso de la madre que ve a su niño meter la mano en la caja de galletas, y entonces de súbito el niño se arrepiente. La causa de este tipo de "arrepentimiento" es que el niño teme ser castigado. Así, la atrición es temor al castigo, o el temor de perder una bendición. Es una forma falsa de arrepentimiento. Es un arrepentimiento egocéntrico.  

En la Biblia encontramos casos de este arrepentimiento falso. Hebreos 12:16-17,  "no sea que haya algún fornicado, o profano, como Esaú, que por una sola comida vendió su progenitura. Porque ya sabéis que aun después, deseando heredar la bendición, fue desechado, y no hubo oportunidad para el arrepentimiento, aunque la procuró con lágrimas." Nos damos cuenta de que aquí Esaú no lamenta el haber ofendido a Dios. Su arrepentimiento está relacionado con la pérdida de una bendición.

¿Qué es verdadero arrepentimiento y por qué se caracteriza?

En el idioma griego del Nuevo Testamento existen dos palabras que son traducidas con “arrepentirse”, y cada una de estas palabras nos enseña algo sobre su significado verdadero:

  1. “epistrefo” = “volver, dar media vuelta”.

El verdadero arrepentimiento significa caminar en la dirección opuesta. No es como la persona que reconoce y confiesa sus pecados, pero no hace nada más, no es como alguien que se detiene en el camino malo, pero se queda parado allí y después de algún tiempo, quizás sigue caminando hacia el abismo, Proverbios 28:13, “El que encubre sus pecados no prosperará; pero el que los confiesa y se aparta, alcanzará misericordia.” No es suficiente confesar el pecado; es necesario apartarse de él, o sea, ya no cometerlo.

  1. “metanoeo” = “cambiar la mente”. 

 

El pecador arrepentido cambiará no solo su manera de actuar, sino también su manera de pensar. En vez de amar el pecado, ahora lo va a odiar. Peleará la batalla contra la tentación, no solo cuando ya está cometiendo un pecado, sino cuando tan solamente está pensando en un pecado. “…llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo” (2 Corintios 10:5). Ya en su mente, renuncia completamente al pecado y así se separa de él.

Características.

  1. El arrepentimiento verdadero se llama contrición. Está caracterizado por una pena profunda por haber ofendido a Dios.  Lucas 22:62: "Y Pedro, saliendo fuera, lloró amargamente" por haber negado tres veces a su Señor y Salvador Jesucristo. Este es un arrepentimiento verdadero. De manera que el arrepentimiento verdadero se caracteriza por una pena profunda, por haber ofendido a Dios y a sus leyes.
  2. Se caracteriza por odio hacia el pecado específico que se ha cometido, y el abandono del mismo. Es rechazo total del pecado. Esto es lo que significa pena de acuerdo a Dios. Si no existe odio por ese pecado específico que se ha cometido, y no se abandona este pecado, no existe un arrepentimiento bíblico.
  3. Se confiesa el pecado totalmente y sin echarle la culpa a otros. Una referencia a esto, la encontramos en 2 Samuel 12:13, “Pequé contra Jehová.". Cualquier persona que le trata de echar la culpa a otros y que refuta responsabilidad de su pecado nos deja saber inmediatamente que su arrepentimiento no es verdadero.
  4. En cuarto lugar, si existe arrepentimiento verdadero, se confesará el pecado públicamente de ordenarlo las Escrituras.
  5. En quinto lugar, se restituirá lo que se deba siempre que sea posible. Si se trata de dinero robado, deberá asegurarse su reintegro. De ser posible, se efectuará siempre una restitución.
  6. En sexto lugar, se realizará con fervor lo opuesto a ese pecado. Efesios 4:28: "El que hurtaba, no hurte más, sino trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que tiene necesidad."
  7. El arrepentimiento verdadero no es creado o hecho por el hombre. Es el fruto de la regeneración, no la causa de esto. Es el resultado de la obra del Espíritu Santo en la vida individual de un pecador.

Hoy delante de nosotros hay un Trono de Gracia,  acércate a él y despójate de tu carga, de ese estorbo que te impide acercarte a tu SEÑOR y disfrutar de sus bendiciones.

Solo abramos nuestro corazón a Dios, Él se encargara de limpiar y sacar lo desagradable, si aun estas en pecado busca a Jesucristo como tu redentor y así podrás levantar tus manos con todas tus fuerzas para bendecir y gozarte con el SEÑOR. (1 Juan 1:9, “Si confesamos nuestros pecados, Dios, que es fiel y justo, nos los perdonará y nos limpiará de toda maldad”)

 

 

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