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TESOROS DE BARRO EN LAS MANOS DEL ALFARERO
SABADO,12.JUNIO.2010

Jeremías 18:1-4, “Ésta es la palabra del Señor, que vino a Jeremías: «Baja ahora mismo a la casa del alfarero, y allí te comunicaré mi mensaje.» Entonces bajé a la casa del alfarero, y lo encontré trabajando en el torno. Pero la vasija que estaba modelando se le deshizo en las manos; así que volvió a hacer otra vasija, hasta que le pareció que le había quedado bien”

Para entender la palabra, primero es necesario que contextualicemos qué significado tenía el barro y su uso para la fabricación de vasijas.

 

En tiempos bíblicos, el barro se utilizaba para hacer vasijas para servir comidas y bebidas, y para almacenar diferentes cosas. Este barro se sacaba de la tierra y tenía que mezclarse con agua para poderlo moldear y suavizar.

Los primeros alfareros moldeaban platos hondos y jarras haciendo tiras largas de barro y enrollándolas en espiral. Después alisaban la superficie rugosa y dejaban que el recipiente se secara y endureciera. Más tarde, los alfareros descubrieron que podían hacer vasijas lisas y redondas utilizando una rueda especial. Colocaban el barro sobre una rueda plana que podía dar vueltas. A veces otro trabajador le daba vueltas a la rueda. Después los alfareros aprendieron que podían darle vueltas al barro empujando con sus pies una segunda rueda fijada al piso.

 Debemos identificar a quien describe la biblia como el barro y el alfarero. Veamos lo que nos dice Romanos 9:20-21, “¿Quién eres tú para pedirle cuentas a Dios? «¿Acaso le dirá la olla de barro al que la modeló: "¿Por qué me hiciste así?" » ¿No tiene derecho el alfarero de hacer del mismo barro unas vasijas para usos especiales y otras para fines ordinarios?” Isaías 64.8, “A pesar de todo, Señor, tú eres nuestro Padre; nosotros somos el barro, y tú el alfarero. Todos somos obra de tu mano.” Estas palabras nos definen claramente quién es el barro y quién es el alfarero, nosotros somos barro en las manos de Dios que nos da forma.

En la palabra que Dios le dio a Jeremías le pidió que fuera hasta la casa del alfarero, por qué Dios deseaba que este profeta fuera a ver esto? Porque Dios quería que viera 4 cosas: Lo primero que vio fue al alfarero, quien tipifica a Dios; en segundo lugar vio el barro, que prefigura al creyente; tercero vio la mesa giratoria del alfarero, cuyo centro representa la perfecta voluntad de Dios; y la última vio el proceso completo de hechura por la cual debe pasar el barro para convertirse en vaso. Este proceso ilustra las diferentes relaciones a las que el creyente es sometido para ser transformado a la semejanza de Cristo (2 Corintios 3:18, “Así, todos nosotros, que con el rostro descubierto reflejamos como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados a su semejanza con más y más gloria por la acción del Señor, que es el Espíritu”)

Que debo entender en primera medida de  la vasija, lo importante no es lo externo, hay algunas que son rugosas, no son las más bellas, pero su interior permite cumplir con lujo de detalles la labor para la que fueron creadas. Para Dios todos somos bellos físicamente, por eso el trabaja en nuestro interior que es donde se deposita el contenido divino del Espíritu Santo (2 Corintios 4:7, “Pero tenemos este tesoro en vasijas de barro para que se vea que tan sublime poder viene de Dios y no de nosotros”)

¿Cuáles son las etapas del proceso de transformación de barro a vasija?

  1. Lavando la arcilla (Este proceso se relaciona con la palabra de Dios). En primer lugar el alfarero recoge la tierra y la mezcla con agua y la amasa una y otra vez, lavándola con abundante agua para eliminar la tierra que no es arcilla y lograr así una masa consistente.

Cuando Cristo nos levanta del lodazal, hace lo mismo con nosotros, nos lava de nuestras impurezas con abundante agua y esta agua es su palabra (Juan 15:3, “Ustedes ya están limpios por la palabra que les he comunicado”) El alfarero adiciona continuamente agua a la mezcla para suavizarla y mantenerla manejable, de la misma forma Dios con su palabra continua en nuestra vida busca suavizar nuestro corazón del endurecimiento.  Como dice Pablo a Timoteo la palabra de Dios es útil para enseñarnos, para capacitarnos para la buena obra que conduce a la madurez espiritual. La palabra en el proceso de maduración del cristiano es como el agua para la arcilla

  1. Secado brusco (este proceso se relaciona con el mundo). El alfarero luego de lavar la arcilla y que ver que tiene consistencia, decide hacer una bola de arcilla y colocarla a la intemperie para que el sol y el viento la sequen abruptamente.   La bola crea entonces una costra que permite mantener la humedad interior, pero si la calidad de la masa es mala se crean muchas grietas y el alfarero sabrá que es necesario pasarla por el paso del lavado nuevamente. Esto significa que Dios sabe que después de recibir la palabra debemos pasar por la prueba del mundo. De esta forma Dios podrá ver que tan clara quedó la palabra, habrá presiones, rechazos, burlas, persecuciones y ahí la persona decidirá si retrocede, cede, se devuelve o continúa caminando. Dios prueba la consistencia en este proceso. Debemos entender que como cristianos ya no pertenecemos al mundo y que seremos probados para ser testimonio a los demás.
  2. Cuando el barro se pisa (relación con la autoridad) El alfarero ve la bola de arcilla y si no hay mayores grietas pasa a la siguiente etapa que consiste en tirar la bola al piso para que se deshaga y empieza con sus pies, especialmente con sus talones a pisar la masa para hacer de ella una mezcla más uniforme que no lograría hacer con sus manos.  El hombre es rebelde por naturaleza, el primer pecado, el de Adán fue de desobediencia. Dios espera de nosotros que seamos humildes y dóciles a su voluntad y para lograr eso permite la humillación (Isaías 46:8, “Recuerden esto, rebeldes;  piénsenlo bien, ¡fíjenlo en su *mente!”)

Sin embargo Cristo fue expuesto como hombre a las mismas pasiones que las nuestras, sin embargo el permaneció fiel hasta la muerte dando una enseñanza absoluta de la palabra obediencia. (Hebreos 5:8, “Aunque era Hijo, mediante el sufrimiento aprendió a obedecer “)El hombre natural es hijo de desobediencia, más el hijo de Dios ha entrado al proceso de restauración de la obediencia.

  1. El alambre del alfarero (relación con los tratos personales de Dios) Antes de formar la vasija el alfarero debe asegurarse que en la masa no hay impurezas como piedras o burbujas de aire. Estas harían que durante el proceso de fabricación la vasija se rompiera, dañando todo el proceso.  Que hace el alfarero coloca la masa sobre una superficie y tensa entre sus manos un fino alambre con el que corta la masa de arriba abajo y en ambas direcciones para ver si encuentra piedras y de paso sacar de la masa toda burbuja de aire. Este proceso lo repite hasta que está seguro de que no hay impurezas en la masa. Este proceso se relaciona con las pruebas personales que Dios envía a nuestra vida, según sea la calidad de la arcilla habrá más o menos veces que Dios pase el alambre por nuestras vidas, todo depende de la clase de diseño de vaso que Él se propuso hacer.

 

¿Qué burbujas busca el Señor? Las burbujas del orgullo y el yo. ¿qué piedras busca? La incredulidad y el escepticismo  impiden movernos en la gracia de Dios. Si Dios no remueve estas impurezas de nuestra vida podríamos vivir vidas en nuestras propias fuerzas, llegando a convertirnos en personas religiosas que se resisten al cambio que Dios quiere hacer en nosotros.

  1. Cuando gira la mesa (relación con el plan de Dios) La mezcla es puesta sobre la mesa, se empieza a girar el plato y la arcilla choca contra la mano del alfarero hasta que se centra y entonces se produce un suave encuentro entre la mano y la masa que empieza a darle forma.  Este proceso se centra en el hecho de que Dios hace de manera planeada todo lo necesario para que nos ajustemos a su plan divino, de la misma manera que el alfarero, Dios trabaja en nosotros. En la medida en que somos transformados podremos experimentar más y más  la voluntad de Dios que es buena, agradable y perfecta.
  2. El acabado (relación con Dios mismo) Después de torneado el vaso, éste es sometido a tres procesos
    1. Se envía la vasija a un cuarto oscuro y cerrado con el propósito de mantener la humedad y que no se presenten grietas. Este proceso es nuestra relación en lo secreto con Dios
    2. El segundo proceso es sacar el vaso que está completamente seco y se coloca nuevamente en la mesa volteado para quitar de la base las rebabas y rugosidades que quedaron del proceso de secado. Esta es la relación con el Hijo (Jesús que es nuestro fundamento y nos limpia)
    3. El alfarero finalmente decora la vasija con lo que tiene en su corazón, viene el adorno. Esta es la relación con el Espíritu Santo que es el que nos adorna con sus dones.
  3. El horneado (relación con la gloria de Dios) Hasta acá parece que la vasija está lista pero falta un paso más que se divide en cuatro:
    1. Se pasa la vasija por fuego lento para que se quemen todas las sustancias orgánicas que están mezcladas con la arcilla. Aquí queda la vasija lista para echar en ella líquidos fríos que no se contaminarán. Esto se relaciona con que debemos pasar por el fuego lento nuestra carne para hacerla morir, para que esta no contamine la gloria de Dios. Juan 3:30, “A él le toca crecer, y a mí menguar.”
    2. La segunda fase eleva más la temperatura para que pueda usarse con líquidos calientes y con agua.  Liga químicamente el agua con la arcilla.  Esta es la manera como Dios hace que su palabra se haga viva en nosotros. Contemplamos la gloria de Dios cuando se cumple en nuestra vida sus promesas.
    3. El tercer paso es elevar la temperatura hasta el punto cercano a fusión. Esto se hace para que estructuralmente la vasija quede monolítica. Para que exista cohesión entre las partículas.  Esto se relaciona con lo que dijo Jesús en Marcos 8:34, “Si alguien quiere ser mi discípulo —les dijo—, que se niegue a sí mismo, lleve su cruz y me siga”) Este es el proceso de madurez que nos permite mostrar a Cristo en nuestra vida.
    4. La última fase es el templado, que consiste en sacar la vasija caliente y dejar que bruscamente se enfríe con el viento. Esto se relaciona con el desarrollo de la templanza en mi vida, nada me moverá en esta fase de la voluntad de Dios, ni la tribulación, ni los problemas, ni las persecuciones que pone Satanás en nuestro camino.

Disfruta de todo el proceso que Dios ha diseñado para tu vida.

 

 

 

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